Miguel Ángel Martínez-González es epidemiólogo del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, catedrático visitante en la Universidad de Harvard y autor del libro ¿Qué comes? Ciencia y conciencia para resistir (Planeta, 2020), junto a la periodista Marisol Guisasola. Martínez-González es uno de los grandes expertos en dieta mediterránea y en su libro destapa, entre otras cosas, los bulos y las artimañas que la industria farmaceútica utiliza para manipularnos, además de proporcionarnos claves científicas para llevar una dieta saludable.

entrevista_miguel_angel_martinez_gonzalez

 

En el título del libro habla usted de resistencia. ¿A qué se refiere?

A la necesidad de aprender a resistir ante la cantidad de bulos, mitos, pseudociencia e intereses comerciales que distorsionan la realidad en el ámbito de la alimentación y la salud, mucho más que en cualquier otro.

Pónganos un ejemplo.

Hay personas que piensan que el café es malísimo para la salud, o que hay que tomar obligatoriamente tres raciones de lácteos al día, que los huevos elevan el colesterol o que la carne procesada no es tan mala, cuando es un carcinógeno demostrado. Si todas estas ideas y muchas otras campan a sus anchas es porque a lo largo de los años ha habido intereses comerciales de por medio.

En su libro denuncia dos ejemplos muy sonados de ello, destapados ambos en Estados Unidos. Lo que usted llama “científicos untados”. 

Sí. Uno de ellos se dio en los años 60, cuando el gobierno federal americano adquirió el excedente de lácteos y se propagó la idea de que había que tomar tres vasos de leche al día como no va más de la alimentación. Recientemente, el más llamativo ha sido el caso de NutriRECS, un grupo de científicos que publicaron un estudio en la revista Annals of Internal Medicine asegurando, tras una revisión de investigaciones, que el consumo de carne roja apenas tenía relación con el riesgo de enfermedad cardiaca, diabetes o cáncer. Días después, el The New York Times destapó que el líder de esta investigación había sido pagado por la industria cárnica norteamericana. Esto se llama soborno, sin más.

¿A quién debemos creer, pues, los consumidores, que a menudo nos sentimos indefensos antes esta avalancha de informaciones contradictorias?

Hay que fiarse de lo que llamamos estudios epidemiologicos, que deben hacerse a partir de una muestra de al menos 5.000 personas, a las que hay que seguir durante un mínimo de 5 años, y si son 10 mejor. A menudo se nos vende como estudio científico un pequeño experimento hecho con 20 voluntarios durante un periodo de tiempo corto. Hay que aprender a distinguir unos de los otros.

 

miguel_angel_martinez_gonzalez_entrevista

Lo mismo ocurre en los organismos públicos, según su libro. Habla del caso de Ángela López de Sa y Fernández, que fue nombrada en 2012 directora de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), viniendo de Coca-Cola.

Que la directora científica de una multinacional de refrescos en el país pasase a dirigir la AESAN al día siguiente es un caso nítido de puertas giratorias. Cuando dimitió, llevaba ya un año en el cargo. Los intereses comerciales están por todas partes. Es lo que en el libro llamamos la metáfora de la tinta del calamar, que consiste en emborronar los datos científicos para oscurecer el panorama y permitir la entrada de pseudocientíficos que han tenido mucho protagonismo en revistas de nutrición, artículos de opinión o reuniones de expertos, que claramente son utilizados por determinadas industrias pero que no han hecho grandes estudios de epidemiología.

El resultado de esta mala alimentación es lo que usted llama “empastillamiento”. 

En el libro pregunto a los lectores cuántos fármacos tienen en su mesilla. Con esto no quiero decir que no haya que tomar las pastillas que prescribe un médico, pues por fortuna han salvado y siguen salvando millones de vidas humanas, sino plantearnos el abuso de la medicación como recurso fácil para no cambiar determinados hábitos estructurales. La pastilla debería ser, en algunos casos como por ejemplo el de la diabetes y prediabetes, el último recurso tras haber probado medidas como la pérdida de peso, la dieta sana o el ejercicio físico.

En su  libro alerta sobre los peligros de la obesidad, que califica de auténtica pandemia. 

La pandemia de la COVID-19 pasará, pero la obesidad no. De hecho, está en nuestras manos protegernos del coronavirus, no solamente siguiendo las medidas de prevención, sino controlando el exceso de peso. Tener un peso corporal correcto, controlar el azúcar y la tensión arterial y seguir un patrón de dieta como la mediterránea son las claves para mantener un sistema inmunológico fuerte.

Como epidemiólogo, ¿cómo ve el futuro con respecto a la COVID-19?

Ningún epidemiólogo se cree que en verano habrá inmunidad de grupo como dice el Gobierno. Esto no llegará hasta bien entrado 2022. Para ello, debería haber un millón de vacunados a la semana, hasta conseguir los 30 millones que darían lugar a la inmunidad grupal, y por desgracia no se está contando con los recursos necesarios para suministrarlas. Están llegando nuevas cepas procedentes de Sudáfrica, Brasil, California o Reino Unido, más letales y más contagiosas, y es previsible que haya más mutaciones y más posibilidades de que se mute.

¿Cuál es la solución?

Solo había una solución posible, y estaba ahí desde el inicio de la pandemia, pero por desgracia no se ha llevado a cabo. Se ten´ía que haber contado con recursos de la sanidad privada, de farmacias, de institutos de investigación, con médicos recién licenciados enfermeras, auxiliares… para tratar de contener la propagación del coronavirus en sus inicios. Hay casos de éxito, como Taiwán, donde solo han muerto 7 personas de coronavirus gracias al despliegue de medidas de rastreo y prevención que se pusieron en marcha desde el principio. En Europa se ha hecho mucho peor y en España se ha hecho especialmente mal.

El argumento suele ser siempre que no hay recursos. 

Claro que los hay, y si no los hay tiene que haberlos. Es fundamental. Es necesario destinar todos los recursos posibles a frenar la expansión del virus, recortar en gastos superfluos y hacer un esfuerzo extraordinario mediante una estrategia de involucrar a todos los agentes posibles en la contención de la pandemia. España no es un país precario: por supuesto que tenían recursos si los hubiesen dedicado a eso.

Laura Conde
Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

PARTNER

imagen

Partner
imagen
Suscríbete a nuestra newsletter