Parece que haya iniciado el camino de vuelta a los orígenes. Y no porque haya regresado de vacaciones (en gastronomistas.com nunca hacemos), sino porque estoy volviendo a restaurantes que me encantaron la primera, la segunda y la tercera vez, así que me siento en deuda con ellos por los buenos momentos que me hicieron pasar en su día.
Si hace poquito os relaté mi come back a Flash Flash, ahora lo haré de L’Òstia, el sitio que descubrí a los tres días de su apertura casi secreta y que lleva tres años triunfando en la plaza de la Barceloneta. Allí llevamos a cenar una mágica noche de verano a Ferran Adrià, así que comprenderéis que L’Òstia es de los restaurantes que te hacen quedar bien.

Volví esta semana para comprobar que todo seguía en su sitio (ya tienen una señora terraza por la que no cobran suplemento) y que se mantienen en forma, para volver a disfrutar de esas anchoas que celebró el genio de El Bulli, para volver a este local que no tiene más pretensiones gastronómicas que hacer tapas y platillos con cariño y que está decorado como si fuera un piso del barrio. Lógico cuando su oferta, en plena zona de turismo, es auténtica. Me gusta L’Òstia, que hace unas semanas tuvo un hermano pequeño junto al mercado de La Boqueria llamado Òsties Pedrín, del que os explicamos qué propuestas tenía sobre la mesa.
Aquí os dejo mi comida del viernes pasado en L’Òstia.
Anchoas
Excelenes, del Cantábrico. Siguen igual de buenas que cuando las bendijo Ferran Adrià. Las limpian a mano ellos mismos cada día. Y se nota. Tienen el punto ideal de mar.
Croquetas de jamón y pollo
Con un poquito de pollo, una mezcla que deja un sabor largo en la boca. Su estilo responde al retrato robot de mi croqueta ideal: un rebozado crujiente y un poquito grueso (no demasiado), ni muy cremosas ni muy secas.
Camarones
Servidos en las cajas de pescadería, vienen aderezados con ralladura de lima y un puntito de mango. Refrescantes, divertidos y adictivos como ellos solos. Es un plato de los que merece un regreso a L’Òstia. No están en la carta, sino que aparecen como sugerencia del día. No os preocupéis porque suelen tenerlos muy a menudo. Y si no, siempre se puede llamar antes para preguntar si ese día vais a poder pedirlos.
Revuelto de setas de temporada
Cuando fui (día fresquito y lluvioso que preludiaba el otoño), apetecían. Es un plato de los que invitan a mojar pan. Eso sí, me faltó un puntito de sal, lo encontré un poquito plano.
Bomba
Si el restaurante fuera mío, en la carta pondria «¡Boooooooombaaaa!». Porque es explosiva, porque pica como tiene que picar para hacer honor a su nombre. Porque es de la Barceloneta, porque está hecha con la receta de La Bombeta, el restaurante que la hizo célebre en el barrio años ha gracias al talento y cariño de la señora Pepi, cuyo hijo pequeño, Jaume Muedra, regenta ahora L’Òstia.
Calamares a la romana
De la misma manera que la bomba debería llamarse boooooombaaaa, estos calamares deberían llevar como apellido XXL. Porque hacía tiempo que no me servían unos así de grandes. Al margen del tamaño, que siempre importa, debo decir que tanto el sabor como la textura (son tiernos tiernos) puntúan alto.
Bonito
Muy bonito porque la presentación es de lo más sugestiva y elegante, con flores, algas y pisto que dan un cromatismo apetecible a un pescado que aquel día les llegó en perfectas condiciones y supieron potenciarlas.
Bacalao con hummus
Plato delicado, aromático. El bacalao lleva caviar de aceite y el humus, pimentón de La Vera y menta. Gustazo.
Sorbete de limón con gelatina de gintónic
Para acabar, un sorbete de limón, que casi nunca perdono. Este llegó con la sorpresa de unos dados de gelatina de gintónic que parecían cubitos de hielo. ¡Cuidadito con ellos, que llevan alcohol!
L’Òstia
Plaza de la Barceloneta, 1-3.
Teléfono: 93 221 47 58.
Horarios: cada día, de 10.00 a 00.00 horas.
Precio medio: 25 euros (hay un menú de mediodía laborable de 14 euros).
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