Cuando llegamos al restaurante Ricard Camarena de Valencia, el anfitrión y su invitado, Alex Atala, ya se habían estrenado por primera vez juntos.
El brasileño llegó a la ciudad en plenas Fallas y tuvo días de sobra para conocer la esencia de una tierra explosiva.
Cada vivencia le sugería una emoción o una idea para un plato.
Desde el confeti que sobrevolaba las calles de fiesta -“como si fuera el carnaval de Brasil”- a una naranja jugosísima o una alcachofa fuera de lo común de la huerta valenciana.
El menú elaborado entre Atala y Camarena se podría decir que salió solo.
Casi de manera espontánea, con un “feeling” extraordinario y la libertad como ingrediente indispensable en cocina.
Del making of, las opiniones y el consenso entre ambos dará buena cuenta un documental que veremos en el próximo Gastronomika, adonde acudirá nuevamente un Atala ya de vuelta de todo.
Especialmente desde la reciente pandemia.
“Hemos perdido todo romanticismo… Ahora tenemos menos pasión y orgasmos precoces”, advierte tras “haber recuperado la ilusión por cocinar de la manera más libre posible”, tal y como evidenció junto a Camarena.
Con el menú inédito de platos creados al alimón confesó que “no querían impresionar a nadie”, sino disfrutar del encuentro y satisfacer a los cerca de 80 comensales que agotaron en tiempo récord las plazas disponibles.
A lo largo de una minuta de 13 pases sin contar aperitivos y petis no se limitaron a intercalar platos de uno y otro, sino que idearon todos desde cero para luego firmarlos conjuntamente.
Es decir, que tanto el nigiri de pez limón con gajo de naranja como la alcachofa con miel espigada; o un perfecto arroz de colofón fueron creaciones de ambos cocineros.
Ninguno se apropió la autoría de ningún enunciado para poner así en valor la riqueza de la suma y del intercambio.
De productos, técnicas y recetas, en definitiva.
Podría ser que repitieran encuentro en el futuro, pero nunca con las mismas propuestas, a cuál más valenciamazónica.
Palabra de ambos.
Independientemente de los gustos y las preferencias de los distintos comensales, los enunciados de aquellas dos noches ya no volverán.
Ni siquiera al restaurante Ricard Camarena, donde el chef titular quizá sí aproveche el uso de un determinado ingrediente -¿quizá el tucupí?-, un proceso o un acabado para formular una nueva propuesta.
“No hemos hecho nada para la pose”, sentenciaba Camarena, firme defensor de “recuperar la autenticidad a diario”.
Quizá precisamente por eso, “ningún plato de esta experiencia se quedará” en el restaurante”.
Agua de tomate con mandarina y sake; Cortado de quisquilla con caldo de café; Sardina ahumada, col y agua de tomate agridulce; Pimiento dulce amazónico y tucupí en dos servicios: arroz y ostra…
Da igual cuándo leas -o veas en las siguientes fotos- todo lo que crearon juntos en Ricard Camarena.
Ya es historia.
Parte de una historia que atestiguamos y gozamos plenamente en la mesa.









